viernes , 3 diciembre 2021
encordador de raquetas

De profesión, encordador de raquetas

Imanol Bollegui ha ‘afinado’ con mimo y devoción las cuerdas de cerca de 150 raquetas en el torneo de la Peña Vitoriana. Encuerda también las raquetas del Open Kiroleta.

Elabora casi de una manera artesanal entre 15 y 20 cordajes por día. Con esa media, en el torneo de la Peña Vitoriana que concluyó ayer habrán pasado por las manos de Imanol Bollegui cerca de 150 raquetas. Su labor forma parte del entramado de un torneo de tenis de alto nivel. Suena a oficio y lo es, «aunque en la zona norte somos pocos. Pero llevo encordando raquetas desde los 16 años», explica mientras no pierde ojo de la que tiene entre manos.

Ayudado de una máquina, este enamorado del tenis coloca con mimo los materiales que forman parte de la estructura de la raqueta. Las tensiones son el secreto para el golpeo. «Cada jugadora tiene su forma de jugar y su tensión preferida. Depende de dónde jueguen es diferente. En Vitoria la altitud es de 525 metros y la bola corre más y suben esa tensión comparada con lugares de costa. También influyen la temperatura», puntualiza. Entre 24 y 26 kilos es lo normal aunque estos días, una de las tenistas le ha llegado a pedir hasta 36. «Es muchísimo y poco frecuente. Seguro que le pega fuerte».

Entrenador de Berasategui

La cuerda de poliéster es la más frecuente, aunque también se utiliza el nylon y las fibras de tripa. «Son de intestino de vaca y esas las llevan los tenistas ya profesionales. Los japoneses también, pero porque les subvenciona la federación de su país y se lo pueden permitir. Son muy caras», desliza a modo de curiosidad.

Los tenistas profesionales cambian de raqueta tras determinados juegos. La potencia con la que atacan cada pelota, hace que pierda elasticidad y les obligue a echar mano de dos o tres por partido. En el campo amateur o lúdico, la cosa cambia. «Los amateurs las cambian cuando rompen y los que son discontinuos, les puede durar un año, aunque los solemos llamar ‘cordajes muertos’» porque pierden sus propiedades», puntualiza.

Los nostálgicos no olvidan aquellas raquetas de madera de antaño, pero la tecnología avanza y el grafito o el carbono son los materiales estrella. Los precios pueden oscilar entre los 120 y 160 euros y un cordaje entre los 10 y los 25 euros.

Imanol se ha recorrido medio mundo viendo tenis, siendo partícipe como jugador y entrenador, además de desempeñar este oficio. Por sus manos han pasado las raquetas de Alberto Berasategui, finalista de Roland Garros en 1994 y su pupilo entre los 9 y 14 años, cuando empezó a mostrar cualidades para el tenis de alto nivel. Los Sánchez Vicario, Sergio Casal o jugadores internacionales como el argentino Pérez Roldán, también han confiado en las manos de este artesano de las raquetas.

FUENTE: OLGA JIMÉNEZ https://www.elcorreo.com/autor/olga-jimenez-1126.html

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